DONDE EL SILENCIO SE VUELVE FUEGO

Hay un temblor que nace cada vez
que imagino tu cercanía. Un pulso secreto que no sabe esperar, que me toma por dentro y me dobla el aliento. No hay distancia suficiente para contener la urgencia que me habita cuando pienso en tu piel, en la sombra de tu cuello, en la forma en que el silencio se volvería fuego si estuvieras aquí.
Tu ausencia es una herida deliciosa: arde, respira, promete. La noche me pesa en el pecho y se llena de tu fantasma, de esa posibilidad suspendida, intacta, que aún no ha sido pronunciada por los cuerpos.
No deseo palabras, sólo la certeza del roce, la entrega sin explicación. Quiero perderme en el instante en que el aire cambie su sabor, en que tus manos me busquen sin permiso, en que el mundo deje de girar para que todo suceda —por fin— entre nosotros.
Hay un calor que no se apaga. Y cada pensamiento tuyo es una llama que se inclina hacia mí, pidiendo ser real.

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