ANTES DEL DESPUÉS
Hay un momento
justo antes de que tus
dedos me rocen,
en el que todo el universo se contiene.
Y yo también.
Como si el mundo esperara permiso
para respirar.
No me mires así.
Con esa ternura que desarma,
con esa furia suave
que parece pedir perdón
antes de romperme.
Tu piel no es solo piel,
es un idioma nuevo
que se habla sin voz
y se entiende con los poros.
Quiero que me toques sin apuro,
que me beses sin límites.
Porque no quiero ser incendio,
quiero ser llama.
De esas que no queman rápido,
pero nunca se apagan.
Desvísteme del ruido.
No dejes ropa en el suelo,
deja miedos, deja dudas,
deja todo lo que no somos.
Y acércate.
No con el cuerpo,
con la herida.
Con eso que escondes y nunca muestras.
Hazme el amor sin prisas.
Con los silencios.
Con las pausas.
Con las ganas contenidas
que gritan más fuerte que cualquier gemido.
Y si vas a entrar en mí,
hazlo como quien entra en una casa abandonada
y aún así la respeta.
Hazlo como quien no busca techo,
sino hogar.
Después,
cuando todo haya temblado,
cuando la piel se haya dicho todo,
dímelo sin palabras:
que no fue solo deseo,
que también era destino.