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LA BELLEZA DE LO INEVITABLE

Te abrí la puerta del pecho sin condiciones, y entraste con la delicadeza brutal de los temporales que no piden permiso. Tus manos hicieron refugio en mi cintura, y tus labios aprendieron mi nombre desde adentro, pronunciándolo sin voz, solo con saliva y deseo. Nos hicimos daño con la belleza de lo inevitable, y en el centro exacto del gemido descubrimos que el amor también sangra por dentro. Nos buscamos con la urgencia de los relojes que se están acabando. Me quedé en el hueco de tu cuerpo para ver si la calma tenía forma de abrazo sostenido. La tuvo, y se marchó contigo. Ahora, cada noche, el lado izquierdo de la cama conserva tu forma invisible. Y aun así, no me arrepiento de haberte amado con toda la verdad que tenía.

DONDE EL SILENCIO SE VUELVE FUEGO

Hay un temblor que nace cada vez que imagino tu cercanía. Un pulso secreto que no sabe esperar, que me toma por dentro y me dobla el aliento. No hay distancia suficiente para contener la urgencia que me habita cuando pienso en tu piel, en la sombra de tu cuello, en la forma en que el silencio se volvería fuego si estuvieras aquí. Tu ausencia es una herida deliciosa: arde, respira, promete. La noche me pesa en el pecho y se llena de tu fantasma, de esa posibilidad suspendida, intacta, que aún no ha sido pronunciada por los cuerpos. No deseo palabras, sólo la certeza del roce, la entrega sin explicación. Quiero perderme en el instante en que el aire cambie su sabor, en que tus manos me busquen sin permiso, en que el mundo deje de girar para que todo suceda —por fin— entre nosotros. Hay un calor que no se apaga. Y cada pensamiento tuyo es una llama que se inclina hacia mí, pidiendo ser real.

ANTES DEL DESPUÉS

Hay un momento justo antes de que tus dedos me rocen, en el que todo el universo se contiene. Y yo también. Como si el mundo esperara permiso para respirar. No me mires así. Con esa ternura que desarma, con esa furia suave que parece pedir perdón antes de romperme. Tu piel no es solo piel, es un idioma nuevo que se habla sin voz y se entiende con los poros. Quiero que me toques sin apuro, que me beses sin límites. Porque no quiero ser incendio, quiero ser llama. De esas que no queman rápido, pero nunca se apagan. Desvísteme del ruido. No dejes ropa en el suelo, deja miedos, deja dudas, deja todo lo que no somos. Y acércate. No con el cuerpo, con la herida. Con eso que escondes y nunca muestras. Hazme el amor sin prisas. Con los silencios. Con las pausas. Con las ganas contenidas que gritan más fuerte que cualquier gemido. Y si vas a entrar en mí, hazlo como quien entra en una casa abandonada y aún así la respeta. Hazlo como quien no busca techo, sino hogar. Después, cuando todo haya te...