LA BELLEZA DE LO INEVITABLE
Te abrí la puerta del pecho sin condiciones, y entraste con la delicadeza brutal de los temporales que no piden permiso. Tus manos hicieron refugio en mi cintura, y tus labios aprendieron mi nombre desde adentro, pronunciándolo sin voz, solo con saliva y deseo. Nos hicimos daño con la belleza de lo inevitable, y en el centro exacto del gemido descubrimos que el amor también sangra por dentro. Nos buscamos con la urgencia de los relojes que se están acabando. Me quedé en el hueco de tu cuerpo para ver si la calma tenía forma de abrazo sostenido. La tuvo, y se marchó contigo. Ahora, cada noche, el lado izquierdo de la cama conserva tu forma invisible. Y aun así, no me arrepiento de haberte amado con toda la verdad que tenía.